| Novela de Rogelio Guedea, radicado en Nueva Zelanda | | Eugenia Montalván Colón | | Martes, 9 de febrero de 2010 | - Escribo con música; en silencio, los pensamientos se me dispersan.
 | | Rogelio Guedea. | | Para el escritor Rogelio Guedea (Colima, 1974), la literatura es la puerta que le da acceso al mundo arrabalero en el que le hubiera gustado vivir hasta morir... Si lo tuviéramos que identificar en una cantina por su aspecto, sería como buscar a un ranchero: botas puntiagudas de cuero, tejana, mezclilla y camisa bien fajada...
Así es él y así lo conocen sus alumnos en la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, acaso el lugar cultural y económicamente más contrastante con nuestro México lindo y querido, donde vive desde hace seis años, escribiendo y viendo crecer a sus hijos.
Rogelio Guedea vive nueve meses del año allá y pasa noviembre, diciembre y enero aquí: temporada que invariablemente dedica a promover sus libros. Este año, precisamente, una nueva novela: 41, sobre la que platicamos en Mérida, Yucatán, donde se realizó la primera presentación el viernes 22 de enero en el espacio cultural Ule.
-¿Qué podría decir de 41 tratando de ser original?
Antes de responder, se toma un tiempo para pensar. Después, suelta una carcajada y pregunta:
-¿Que no haya dicho? -Se recarga en la pared. Me mira silencioso, pero al fin responde-: Hay algo que no me han preguntado, y ahorita te voy a decir qué es: precisamente el rollo de los travestis y transexuales. [La alusión al tema se debe a que antes de la entrevista había hojeado la revista semanal de El País, que el domingo 17 de enero publicó un reportaje amplio al respecto, aparte de que también conoció a dos travestis famosos en Mérida: Mammie Blue y Nanny Namú, con este último habló un rato, aclara.] Hay un transexual en la novela, cuya presencia es constante ya que ocupa un lugar importante en la vida del personaje que asesinan, sobre el cual gira 41.
-Literariamente, ¿cuál es el sentido de que sea transexual?
-En ese personaje quise recuperar todo ese mundo del doble ser que cohabita en una persona. En la novela se especifica claramente que es un hombre convertido en mujer, y en la escena en la que declara ante la Procuraduría, al sacar su credencial de elector, él va co- mo mujer, pero lo obligan a desmaquillarse para identificarlo, y para mí eso es un acto de humillación. Digamos que esa presencia del transexual (aunque el personaje se maquilla en escasos pasajes), hace patente la discriminación y burla de la que son objeto siempre.
-Leí su primera novela: Conducir un tráiler (Mondadori, 2008) este año, poco antes de tener en mis manos 41 (Mondadori, 2010); en ambas escribe de sexo de manera despiadada.
-Ese tema tampoco lo he tocado en otras entrevistas, fíjate, pues se han enfocado más al rollo político y a la homofobia; pero es así: 41 es una novela muy sexual, quizá como soy yo.
-Como tema de escritura, el sexo es infinito y en los lectores genera mucha curiosidad...
-A mí me resulta interesante porque muchas cosas que me suceden las atraigo por esa vía. Como que mi energía me lleva a ese tipo de situaciones de alguna u otra forma. Además, me gusta mucho relacionar el sexo con el humor; la palabra para describir esta tendencia podría ser "socarrona" o "calentona", algo así...
-Quien lea sus novelas se va a encontrar en una atmósfera de promiscuidad total...
-Si te fijas, existen ciertas zonas libres en las que se vale todo, por ejemplo el bar El Tinglado [donde se presenta el espectáculo travesti de Nanny Namú] o la disco gay Pride de Mérida. Ahí te das cuenta de que el mexicano cuenta con espacios en los que puede ser totalmente libre en cuanto a su sexualidad. O sea, existe una doble moral; pero también una doble vía de apertura para hacer lo que deseemos y luego volver a la vida normal haciendo como que no pasó nada. Esa doble vida me atrae mucho, y por eso en mis novelas defino esas zonas francas, esa parte de la cultura mexicana y latinoamericana que casi no se toca.
-Así que 41 se presentó por primera vez en nuestro país en Mérida, Yucatán, donde es posible presenciar un espectáculo travesti a mediodía en una cantina popular, ¿qué le parece?
-Nunca había visto algo así en México, y me parece que ese ámbito de libertad sexual coincide con el tema de mi novela.
-Por cierto, usted me dijo que Conducir un tráiler tiene un profundo carácter autobiográfico; 41, ¿también?
-Es autobiográfica, pero en un sentido indirecto, ya que relato hechos que conocí de cerca. Yo hablé con una persona a la que se le escapó al asesino, personaje protagónico de la novela, y con el asesino también, claro. Así que eso es autobiográfico, aunque lo que cuento no me haya pasado a mí, sino a alguien que conocí y me contó su historia con sus matices. Yo le pregunté: ¿qué viste en sus ojos?, ¿cómo hablaba?, ¿cuál era su actitud?, cosas que a lo mejor no se le cuentan a un periodista, pero sí a un novelista.
-Escuchándolo y recordando la vida de su personaje Abel Corona en Conducir un tráiler, me da la impresión de que usted se hizo adulto muy rápido y que a su edad (35 años) parece no temerle a nada...
-Tuve a mi primera mujer siendo muy joven y con ella tuve un hijo (a los 16 años). Viví muchas cosas demasiado intensas desde entonces, y toda esa vivencia fue como un martillazo en mi sensibilidad, mis emociones y mi concepción de la vida, del futuro y de mi vocación. Estas experiencias me dieron la manera de concebir el mundo, me influyeron y crearon la horma en la que vacié mi personalidad, y ahí me quedé.
-Sé que se ha ganado la vida cantando boleros en bares nocturnos de Colima, y por eso le pregunto: si tuviera que poner en una balanza su preferencia por la música popular y la literatura, ¿qué pasaría?
-Ganaría toda la tradición de la música popular, el baile y su contexto inclui- dos: un bar, la cantina, el centro nocturno... Yo sería completamente feliz ahí, así fuera cantando rancheras, balada romántica, boleros o lo que sea; lo haría sin ningún problema, y podría vivir así aunque tuviera que estar solo, cambiando de mujer y de ciudad cada año o cada dos años. Debo reconocerlo: soy más cabrón que escritor. Sí, ése sería mi ideal, pero pues ahora lo vivo desde la ficción, a través de mis personajes y las situaciones que viven. |
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