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INDICADOR POLITICO
Carlos Ramírez
Miércoles, 23 de enero de 2008
  • Bolsa, aviso de crisis mayor.
  • Infraestructura, la salvación.

Pese a los indicios anticipados de la recesión estadounidense y sus efectos en la economía, el gobierno mexicano no preparó ningún programa de emergencia. La estrategia se basa en el viejo modelo de resistir la mala racha y esperar hasta la reactivación.

El inicio formal de la recesión con la caída de las bolsas en los últimos días demostró la insuficiencia de los programas económicos mexicanos. El efecto de la recesión en el PIB de México será casi igual y podría ser mayor al aumento del producto estimado por la reforma fiscal. Es decir, que bastó un sacudimiento bursátil mundial para terminar con los alcances de la reforma tributaria.

Lo malo de todo es la crisis mayor que viene. A la disminución del ritmo del crecimiento económico mexicano deben agregarse algunas previsibles presiones adicionales: la caída de la actividad inmobiliaria en Estados Unidos promoverá desempleo en el sector, pero se trata de una actividad con uso intenso de mano de obra mexicana.

Por tanto, es de preverse desde ahora el desempleo de mexicanos en EU y sus efectos inmediatos: la disminución en las remesas y el regreso de las personas a territorio mexicano. Esta presión social sobre la política económica permite perfilar un bienio 2008-2009 con crecimiento económico bajo y aumento del desempleo local y el proveniente de los indocumentados.

Las previsiones oficiales casi no duraron en el escenario temporal. Horas después de que el presidente Calderón afirmara que México estaba blindando su crecimiento económico con el sector de la construcción, la crisis inmobiliaria en Estados Unidos estalló sin miramientos. Por tanto, el sector de la construcción en México será mucho menos dinámico de lo esperado. Pero es la hora en que el programa nacional de infraestructura del gobierno de Calderón sigue pasivo.

Las apuestas mexicanas fueron erradas. Los Criterios Generales de Política Económica para 2008, que fueron aprobados a finales de 2007, señalaron una tasa de crecimiento del PNB de Estados Unidos de 2.8 por ciento, contra el 2.0 por ciento de 2007. Es decir, que la política económica mexicana se diseñó sobre temores de recesión en EU pero certezas de crecimiento alto. Hoy el PNB se coloca por debajo de las cifras de los criterios y su efecto en el PIB mexicano podría ser de uno a dos puntos porcentuales, justo el esperado hacia arriba por la reforma tributaria.

Lo grave es que ya preveían la recesión pero no se tomaron previsiones. En una ponencia sobre las perspectivas económicas para 2008, realizada en el ITAM el 11 de enero, la Secretaría de Hacienda ya había mudado su optimismo por un pesimismo parcial: "en Estados Unidos se registrará una desaceleración significativa y las probabilidades de una recesión han aumentado". Hacienda daba tres razones: la crisis en el sector hipotecario, las pérdidas de los intermediarios financieros y el mayor precio del petróleo.

Los indicios de una recesión en poder de Hacienda eran alarmantes:

1) Caída de la venta de casas existentes de siete millones a menos de cinco millones. La variación en porcentaje fue negativa.

2) Las pérdidas de los intermediarios financieros en EU fueron de 91 mil millones de dólares en 2007. Y no era sólo el Citigroup: casi cinco mil millones del Bank of America, UBS de 14.4 mil millones, ocho mil 600 de Fredie Mae, casi cuatro mil de HSBC, nueve mil 400 de Morgan Stanley.

3) Los intermediarios financieros registraron pérdidas en bienes raíces, tarjetas de crédito y otros bienes de consumo. El porcentaje de instituciones que reportaron mayor pérdida crediticia fue en bienes raíces: de 5 por ciento en enero de 2006 a casi 50 por ciento a finales de 2007.

Los efectos de la recesión estadounidense previstos por Hacienda estaban conocidos con anticipación, aunque el chicotazo de la debacle de las bolsas tomó al gobierno fuera de base. La producción industrial de EU cayó a menos 0.3 por ciento en octubre de 2006, se recuperó a 0.4 por ciento en abril de 2007 pero en julio comenzó a caer casi en picada. Es decir, la recesión habría comenzado a finales del segundo trimestre de 2007.

Pero ya había otros datos tempraneros de la recesión en EU. La tasa estadounidense de desempleo llegó a su punto mínimo en abril de 2007, pero comenzó a crecer rápidamente y pasó de 4.4 por ciento a 56.1 por ciento en octubre. Las expectativas de crecimiento económico de EU comenzaron a decaer a mediados del segundo trimestre de 2007, pero el gobierno mexicano no le hizo mucho caso porque el crecimiento de la economía mexicana se aceleró en el tercer trimestre de 2007. Sin embargo, la probabilidad de recesión en 2008 creció de 30 por ciento en octubre a 65 por ciento al comenzar enero. Y México no se preparó.

Con todos los datos en su poder, los estrategas de la política económica se confiaron en exceso, le apostaron a un crecimiento económico de 3.7, no supieron cruzar las cifras de la recesión estadounidense y hoy tienen al país padeciendo los chicotazos de los mercados bursátiles y tratando de asimilar la realidad de que el PIB será menor al oficial de 3.7 por ciento y podría llegar a un piso de 2.0 por ciento.



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